miércoles, 21 de abril de 2010

Primavera


Esto es un juego.
Las reglas son muy sencillas: lo único que necesitas es saber contar, saber contar palabras.
La importancia residía en las miradas, el resto de factores habían dejado de interesarnos.
¿Qué nos hacía diferentes a unos meses atrás?... ¿Seguiremos así dentro de unas semanas?.
Mi tendencia de apostar al perdedor tenía que cambiar. Esta vez podría ser la primera.
Dejamos de tomar el té de las cinco y la urgencia del desayuno se había perdido entre las sábanas arrugadas.
Nos lo jugamos todo en nuestra última partida de scrabble y tú no parabas de inventarte las palabras. “No aparecen en el diccionario, pero es nuestro lenguaje secreto”, me dijiste.
Si quieres puedes comprobar que decía la verdad en cada una de las estaciones. Sólo se trataba de ciento cuarenta palabras.
Era un juego divertido para la primavera.

1 comentario:

ranaverde dijo...

Por más que lo intentaba, nunca conseguía la V. Cada vez que sacaba las pequeñas fichas del scrabble, encontraba las mismas vocales y consonantes, y todas ellas formaban la misma palabra, “amaraños”. Tú me mirabas y decías que esa palabra no existía, yo te contestaba que sí, que era amar al derecho y soñar al revés. Me perdonabas porque te gustaba la idea, pero en realidad yo ansiaba otra cosa, la V, la única que me faltaba para descubrirme ante tus ojos. En tu turno, prolongaste horizontalmente la a de amaraños con una r por encima y una na por debajo, y justo cuando leía en el tablero tu “rana”, de forma inesperada cayó en mis manos la V. Escribí “ranaverde” y me obligaste a buscarla en el diccionario, sorprendentemente encontramos la definición:

“Término actualmente en desuso. Sinónimo de amaraños”