
Aquel verano me cuesta distinguirlo del resto. Cuando la calle era nuestro cuarto de juegos poco importaba qué año marcaba el calendario. Ahora es distinto, los veranos no se parecen a los de entonces porque dejamos la inocencia en esas calles.
Hacíamos nuestros los libros que leíamos y las películas que veíamos. Éramos los indios y los vaqueros, las princesas y los sapos. A mí siempre me tocó ser el sapo, pero nunca me besó ninguna princesa porque en la vida real el príncipe siempre existía.
Uno de esos días, Rosita perdió al escondite y, como castigo, tuvo que levantarse el vestido delante de cada uno de nosotros.
Recuerdo que después me sentí mal, por eso le regalé el frigo pie que estaba a punto de comerme. Aunque ella nunca lo supo, en ese momento, también se ganó mi corazón.
Hacíamos nuestros los libros que leíamos y las películas que veíamos. Éramos los indios y los vaqueros, las princesas y los sapos. A mí siempre me tocó ser el sapo, pero nunca me besó ninguna princesa porque en la vida real el príncipe siempre existía.
Uno de esos días, Rosita perdió al escondite y, como castigo, tuvo que levantarse el vestido delante de cada uno de nosotros.
Recuerdo que después me sentí mal, por eso le regalé el frigo pie que estaba a punto de comerme. Aunque ella nunca lo supo, en ese momento, también se ganó mi corazón.
2 comentarios:
pues espero que recuerdes SIEMPRE que mi coraSón te lo ganaste hace ya mucho... y de qué forma!
Me encanta ya lo sabes!!!
Además aporté mi pequeño granito de arena y es todo un honor para mí ;)
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