Un breve abrazo fue la despedida.
A cambio prometió no olvidarle durante su ausencia.
Se dio cuenta que le echaba de menos cuando no pudo escuchar las canciones de las piedras que hablan cogido de su mano. Por eso se acercó a la tienda más cercana y compró la caja más bonita que encontró. La fue llenando poco a poco de regalos, uno por cada momento que había pensado en él.
A su vuelta, antes de envolver la caja en papel de regalo para entregársela, metió también un trozo de su corazón.
