Un breve abrazo fue la despedida.
A cambio prometió no olvidarle durante su ausencia.
Se dio cuenta que le echaba de menos cuando no pudo escuchar las canciones de las piedras que hablan cogido de su mano. Por eso se acercó a la tienda más cercana y compró la caja más bonita que encontró. La fue llenando poco a poco de regalos, uno por cada momento que había pensado en él.
A su vuelta, antes de envolver la caja en papel de regalo para entregársela, metió también un trozo de su corazón.
3 comentarios:
Claro! incluso podía haberlo metido entero...en ese momento le pertenecía.
"dártelo es mi privilegio, y como te lo doy te lo podré quitar..."
Lo más bonito de aquella caja fueron los regalos que buscó y que nunco pudo encontrar. Buscó en tiendas de música, en viejas tiendas de botones y ropa usada, en tiendas de dulces y caramelos, en tiendas de títeres con los hilos entremezclados y la ropa descosida de tanto usar. Buscó en librerías y en tiendas de fotos donde posaban ancianas con pequeñas marmotas en su regazo, buscó incluso en peluquerías y quioscos de estampas religiosas,... pero en ningún lugar encontró lo que buscaba, eso sí, sin darse cuenta de un pequeño dato sin importancia, cada una de las cosas que no encontró, llenó la caja un poco más, y al final no pudo distinguir entre la caja y el deseo incontrolable de volverlo a ver una vez más.
joder rafa... qué bonito...buf
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