miércoles, 21 de abril de 2010

Primavera


Esto es un juego.
Las reglas son muy sencillas: lo único que necesitas es saber contar, saber contar palabras.
La importancia residía en las miradas, el resto de factores habían dejado de interesarnos.
¿Qué nos hacía diferentes a unos meses atrás?... ¿Seguiremos así dentro de unas semanas?.
Mi tendencia de apostar al perdedor tenía que cambiar. Esta vez podría ser la primera.
Dejamos de tomar el té de las cinco y la urgencia del desayuno se había perdido entre las sábanas arrugadas.
Nos lo jugamos todo en nuestra última partida de scrabble y tú no parabas de inventarte las palabras. “No aparecen en el diccionario, pero es nuestro lenguaje secreto”, me dijiste.
Si quieres puedes comprobar que decía la verdad en cada una de las estaciones. Sólo se trataba de ciento cuarenta palabras.
Era un juego divertido para la primavera.

domingo, 18 de abril de 2010

Invierno


De fondo se escuchaba a los niños de San Ildefonso cantar los números de la lotería de Navidad.
Yo estaba sentado con una hoja en blanco delante en una cafetería cercana a mi trabajo. El tercer café solo todavía estaba intacto en la mesa.
Dejé un momento el bolígrafo y me puse a pensar si la alegría que iban a sentir en unos momentos un puñado de personas podía compensar el dolor que me invadía desde hacía unos días. Ese supuesto desequilibrio no sería capaz de alterar la marcha del mundo, pero a mí en este momento lo único que me importaba era mi mundo. Y estaba vacío.
Una vez más, la vida puso ante mí una de sus casualidades. Justo en el momento que cruzaste la puerta de la cafetería y me miraste a los ojos, cantaron el gordo.

martes, 13 de abril de 2010

Otoño


Pasaban unos minutos de la medianoche. Las hojas formaban una alfombra marrón a lo largo de las aceras y el viento las llevaba de un lado para otro. Afuera llovía y hacía frío, pero no le importó llegar ese día. Tenía prisa por conocerle y no quiso esperar más.
Por ambas partes estaba la duda de cómo sería el encuentro. Había nervios, extraños alrededor y algún que otro grito.
No estaban seguros si encontrarse por primera vez delante de tantos ojos era la mejor opción, pero la cita estaba predestinada a ocurrir así. Ella no era novata, anteriormente ya se había visto en esta situación y estaba encantada con la idea de repetir.
Él había creado más expectativas de las que él mismo tenía, venía sin planes de futuro. Aún le quedaba toda la vida por delante, acababa de nacer.

jueves, 8 de abril de 2010

Verano


Aquel verano me cuesta distinguirlo del resto. Cuando la calle era nuestro cuarto de juegos poco importaba qué año marcaba el calendario. Ahora es distinto, los veranos no se parecen a los de entonces porque dejamos la inocencia en esas calles.
Hacíamos nuestros los libros que leíamos y las películas que veíamos. Éramos los indios y los vaqueros, las princesas y los sapos. A mí siempre me tocó ser el sapo, pero nunca me besó ninguna princesa porque en la vida real el príncipe siempre existía.
Uno de esos días, Rosita perdió al escondite y, como castigo, tuvo que levantarse el vestido delante de cada uno de nosotros.
Recuerdo que después me sentí mal, por eso le regalé el frigo pie que estaba a punto de comerme. Aunque ella nunca lo supo, en ese momento, también se ganó mi corazón.