Nada más abandonar el pabellón psiquiátrico se dirigió al último lugar donde había estado, pero nadie la esperaba. No había caras conocidas a su alrededor excepto la del camarero que la miró fijamente durante unos segundos, sin atreverse a preguntarle si quería tomar algo. Se sentó al final de la barra y en vez de echar mano de la caja de orfidal que llevaba en su bolso pidió un té con leche. Encendió un cigarro ignorando el cartel que tenía justo encima de ella. Desde enero no se puede fumar aquí dentro, le dijo amablemente el camarero. Inconscientemente quiso volver unos meses atrás, no se encontraba en su mejor momento y acaba de salir de la peor guardia de su vida. miércoles, 10 de agosto de 2011
Prohibido fumar
Nada más abandonar el pabellón psiquiátrico se dirigió al último lugar donde había estado, pero nadie la esperaba. No había caras conocidas a su alrededor excepto la del camarero que la miró fijamente durante unos segundos, sin atreverse a preguntarle si quería tomar algo. Se sentó al final de la barra y en vez de echar mano de la caja de orfidal que llevaba en su bolso pidió un té con leche. Encendió un cigarro ignorando el cartel que tenía justo encima de ella. Desde enero no se puede fumar aquí dentro, le dijo amablemente el camarero. Inconscientemente quiso volver unos meses atrás, no se encontraba en su mejor momento y acaba de salir de la peor guardia de su vida. viernes, 4 de marzo de 2011
Oreraf le

No tardó en darse cuenta que su yo pasado no podía verle, así que asistió como espectador a los últimos quince años de su vida.
Se acostumbró pronto a este nuevo día a día, convirtiéndose en la sombra de sí mismo.
Su nuevo yo volvió a tomar las mismas decisiones que ya hiciera él, todas y cada una de ellas: cometió los mismos errores y disfrutó de los mismos aciertos.
Conforme se acercaba la luna nueva de su accidente llenó el faro de bombillas nuevas y esa misma mañana se encargó él mismo de cambiarla.
No sirvió de nada, a las 02:17 de la madrugada el faro dejó de funcionar. Fue entonces, al descubrirse con la bombilla de bajo consumo subiendo los escalones de dos en dos, cuando lo comprendió todo. Rápidamente hizo una señal en la pared, justo al lado de otras cuatro, perfectamente iguales, que ya estaban allí.
Pero volvió a olvidarlo todo en el instante que su barco chocó contra las rocas.
Se acostumbró pronto a este nuevo día a día, convirtiéndose en la sombra de sí mismo.
Su nuevo yo volvió a tomar las mismas decisiones que ya hiciera él, todas y cada una de ellas: cometió los mismos errores y disfrutó de los mismos aciertos.
Conforme se acercaba la luna nueva de su accidente llenó el faro de bombillas nuevas y esa misma mañana se encargó él mismo de cambiarla.
No sirvió de nada, a las 02:17 de la madrugada el faro dejó de funcionar. Fue entonces, al descubrirse con la bombilla de bajo consumo subiendo los escalones de dos en dos, cuando lo comprendió todo. Rápidamente hizo una señal en la pared, justo al lado de otras cuatro, perfectamente iguales, que ya estaban allí.
Pero volvió a olvidarlo todo en el instante que su barco chocó contra las rocas.
jueves, 3 de marzo de 2011
El farero

La bombilla fundida del faro la noche de luna nueva cubrió de oscuridad la costa oriental de Islandia.
Justo cuando el farero subía por las escaleras con la bombilla de bajo consumo en la mano, escuchó un gran estruendo.
El único superviviente estaba de pie en la puerta del faro cuando salió a ver qué había pasado.
Justo cuando el farero subía por las escaleras con la bombilla de bajo consumo en la mano, escuchó un gran estruendo.
El único superviviente estaba de pie en la puerta del faro cuando salió a ver qué había pasado.
Era él mismo, quince años atrás, cuando huía hacia el norte y su barco chocó contra las rocas.
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