viernes, 21 de noviembre de 2008

Música en la calle

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Se escuchaba a lo lejos la voz de un músico callejero improvisando unos acordes y una letra, intentando alegrar a los transeúntes a cambio de unas monedas que cada vez tardaban más en llegar. “Hay dos tipos de ricos…”, creí entenderle decir a los lejos. Conforme me fui acercando pude ver toda la gente que le rodeaba escuchándole recitar su poesía urbana. Conseguí hacerme poco a poco un hueco hasta llegar a la primera fila y fui incapaz de moverme hasta que el músico se echó su guitarra al hombro y se perdió en la noche fría.

domingo, 19 de octubre de 2008

El futuro en sus manos

Cuando llegó a casa puso todo su empeño en borrarse las líneas de las manos; después se tatuó en ellas el futuro que quería encontrarse.
Un mes más tarde volvió a visitar a aquella anciana capaz de interpretar las palmas de la mano, pero su lectura de hoy no se diferenció de la anterior.Fue entonces cuando se dio cuenta de que las líneas que él se había dibujado se habían transformado de nuevo en las que un día consiguió borrar.

jueves, 2 de octubre de 2008

El reencuentro

Cuando volvieron a encontrarse después de superar el mes que se habían dado de respiro una extraña sensación le recorrió la espalda. En un primer momento no supo determinar si esa reacción de su cuerpo se debía a algo positivo o negativo, pero se conformó con saber que seguía siendo capaz de despertar en él algún tipo de sentimiento a pesar de la confesión que le hizo a última hora: no podría seguir haciendo sombras.

sábado, 5 de julio de 2008

V - El tacto

Cerró los ojos y pasó los dedos suavemente por su cara, como si estuviera interpretando una página escrita en braille. Repitió la operación hasta asegurarse de haber dibujado mentalmente cada milimetro de su rostro, imperfecciones incluidas.
Cada noche, antes de dormir, repite de forma mecánica la misma operación: cierra los ojos y reproduce en el aire la imagen que tiene grabada en la yema de sus dedos.

viernes, 4 de julio de 2008

IV - El oído

Siempre esperaba a la noche para contarle cosas al oído mientras estaban abrazados. Justo cuando se quedaba dormido empezaba a decirle las cosas que prefería susurrarle mientras no podía escucharle.

jueves, 3 de julio de 2008

III - El olfato


- ¿Qué haré cuando deje de tener tu olor en mi cuerpo?
- Llamarme para ponerle solución.

No había llegado a mi casa cuando su nombre apareció en la pantalla de mi móvil.

miércoles, 2 de julio de 2008

II - El gusto

Nunca comía crêpres de chocolate ni lo elegía como sabor de helado. Pero ese día, al despedirse, terminó con chocolate en sus labios.

martes, 1 de julio de 2008

I - La vista

Cuando bajó del tren su orientación le jugó una mala pasada porque éste no había parado en el andén en el que solía hacerlo y tuvo que dejar en el suelo su mochila, esta vez más pesada de lo habitual, para pensar hacia qué dirección se encontraba la salida. Acabó dejándose llevar por el resto de pasajeros que habían bajado en esa estación y parecían tener muy claro dónde tenían que dirigirse. Cuando las personas que iban delante giraron a la derecha levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de quien había ido a buscarle que, por una vez, había llegado a la estación antes que el tren.

domingo, 30 de marzo de 2008

Sombras incompletas

Tengo un hermano con el que creaba sombras de siameses en el espacio, pero hoy me ha escrito para decirme que no quiere seguir haciéndolo más. Se ha cansado de los días sin diatribas y de las noches sin pámpanos. Ha dejado de crecer y lucha por una muerte digna. El problema es que a mí me cuesta hacer sombras en solitario porque aprendí a hacerlas con él, así que me esconderé un tiempo para evitar hacer sombras mientras espero su regreso lleno de ganas y nuevas ideas.

sábado, 29 de marzo de 2008

Cuestión de puesto

El juego consistía en hacer la frase perfecta. Gané el primer premio, pero me sentí vacío porque la frase que escribí no tenía nada que ver con lo que sentía en ese momento.
A veces me da por pensar que un segundo puesto no hubiera estado tan mal.

lunes, 3 de marzo de 2008

El príncipe valiente

No quiero dejar de ser un valiente. Desde pequeño me dijeron que es bueno ser valiente y tú me dijiste que lo era. Me gusta perder apuestas contra ti y tener que pagar las entradas del cine, estar dos horas en silencio y a oscuras a tu lado rodando nuestra propia película. Fui un valiente porque comí sushi cuando lo tuve delante y no quiero dejar de serlo, volvería a comer sushi otra vez. Me gusta hacer de fotógrafo ocasional y descubrir ángulos y vertices que aún no conocía ("Vale ya de tu cancioncita de Basquiat!"). No quiero dejar de ser un valiente por no contestar a una de tus preguntas raras, así que ahí va mi respuesta...