
Se escuchaba a lo lejos la voz de un músico callejero improvisando unos acordes y una letra, intentando alegrar a los transeúntes a cambio de unas monedas que cada vez tardaban más en llegar. “Hay dos tipos de ricos…”, creí entenderle decir a los lejos. Conforme me fui acercando pude ver toda la gente que le rodeaba escuchándole recitar su poesía urbana. Conseguí hacerme poco a poco un hueco hasta llegar a la primera fila y fui incapaz de moverme hasta que el músico se echó su guitarra al hombro y se perdió en la noche fría.
1 comentario:
Molan los cantautores hippies que quieren cambiar el mundo a golpe de guitarra, pero dime Jo: ¿Por qué no nos quedamos para saber cómo acababa lo de "Hay dos tipos de ricos..."? ¡No puedo acumular más dudas existenciales!
Qué bien que vuelvan tus palabras por aquí... Besos.
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