
El hueco que dejaba cada mañana en la cama era ocupado por otros en mi ausencia.
Llenaste mi vida de mentiras con cada uno de los besos que dabas a mi espalda mientras tus palabras trataban de imponer calma en este mar revuelto por el que nos habíamos acostumbrado a navegar.
Llenaste mi vida de mentiras con cada uno de los besos que dabas a mi espalda mientras tus palabras trataban de imponer calma en este mar revuelto por el que nos habíamos acostumbrado a navegar.
Cada uno de esos besos hizo que una minúscula chapa metálica fuera cubriendo poco a poco mi corazón.
La última vez que intentaste besarme mis labios no te besaron, ya que el corazón se había convertido en un órgano totalmente metálico incapaz de responder a tus estímulos.
Y así fue como terminé viviendo en Cometa, una ciudad creada exclusivamente para dar cobijo a este tipo de corazones.
Y así fue como terminé viviendo en Cometa, una ciudad creada exclusivamente para dar cobijo a este tipo de corazones.