jueves, 2 de octubre de 2008

El reencuentro

Cuando volvieron a encontrarse después de superar el mes que se habían dado de respiro una extraña sensación le recorrió la espalda. En un primer momento no supo determinar si esa reacción de su cuerpo se debía a algo positivo o negativo, pero se conformó con saber que seguía siendo capaz de despertar en él algún tipo de sentimiento a pesar de la confesión que le hizo a última hora: no podría seguir haciendo sombras.

2 comentarios:

Sa dijo...

Es curioso, porque de la forma en que has usado los pronombres personales en el texto los dos sujetos que se intuyen aparecen indiferenciados, hasta el punto en que no puede saberse con certeza quién sintió esa "extraña sensación por la espalda", quién fue capaz de despertar en el otro cierto sentimiento o quién fue quien no pudo seguir creando sombras. Es bonito, porque parece que has hablado de unos siameses en los que no se sabe quién es quién, porque los dos son uno, y con un sólo corazón les basta ("uno para ti... el próximo para mí... tac... tac").

- ¡Mira qué rara es esa sombra!

*
Besos.

zero dijo...

Evidentemente, no quería que se notara que eras tú el que había decidido dejar se hacer sombras.