
Su afición a las colecciones era algo casi nuevo para él. Anteriormente sólo recordaba haberse interesado por las gomas de borrar Milán que llevaban dibujados animales, pero tardó muy poco en conseguirlas todas y de eso hace muchos años.
Unos meses atrás el azar le llevó al interior de una de las tiendas de su ciudad y descubrió unos animales en miniatura pintados a mano que no era capaz de quitarse de la cabeza.
Hace unos cuantos lunes volvió a la tienda y compró la primera figura de su colección, un elefante africano. Antes de salir por la puerta le invadió una especie de tristeza por la soledad que iba a sentir el elefante al verse alejado de su manada y no pudo resistir la tentación de comprar una hembra y un cachorro.
Desde entonces cada lunes iba ampliando poco a poco su colección. Siguió comprando los animales africanos y completando familias hasta que sólo le quedó por conseguir el suricata.
El lunes pasado volvió una vez más a la tienda a completar el continente pero no encontró la pieza que le faltaba. Se recorrió todas las tiendas en las que vendían las figuras para descubrir que dejaron de fabricarla el año pasado y estaba agotada.
No podía creer que todos sus esfuerzos le habían hecho quedarse a un solo paso de su objetivo y, mientras pedaleaba montado en su bici notó un pequeño golpe en la parte trasera. Se giró y vio a un chico correr calle abajo a la vez que giraba su cabeza para mirarlo. Cuando se preparaba a retomar su camino descubrió una pequeña bolsa colgando del faro reflectante que llevaba detrás. Al cogerla encontró dentro la figura del suricata y una gran sonrisa se dibujó en su cara.
De camino a casa decidió que el próximo lunes empezaría con América.
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