viernes, 30 de marzo de 2007

Historia de un diario

Para el que manda fotografías y esconde el bolígrafo

Hace tiempo que una historia ronda por mi cabeza. Justo el día que me instalé en esta casa encontré en una vieja mesa, uno de los pocos muebles que dejaron, una foto y una carta sin terminar con fecha reciente. Al principio no les presté demasiada atención, pero intentar descubrir qué miraba esa mujer de jersey rayado me incitó a estudiar la foto con atención. Después de un rato observándola, abrí la cuartilla que habían doblado formando un rectángulo perfecto.

"Tenemos una conversación pendiente. Es lo último que recuerdo haberte oido decir antes de arrancar tu coche y salir de un sitio en el que habías dejado de sentirte cómodo. Tengo un vago recuerdo de las horas que siguieron a ese adiós forzado, que hubieses preferido no tener que afrontar y, sin embargo, parecía como si las horas previas las hubieras pasado practicando frente a un espejo... como un aspirante a actor que no sabe qué expresión es la más adecuada para un papel que le viene grande. Cómo afrontar unos miedos que no quieres reconocer, si sigues pensando que una lágrima podía hacer menos creíble esa expresión de duro copiada de aquel western que vimos juntos, mientras nos abrazábamos en el sofá rojo que hicimos nuestro. El resto del mundo había dejado de preocuparse por nosotros. Guardo el dibujo que improvisaste mientras tus amigos apuraban sus cafés en la mesa que había a nuestro lado. Es lo más parecido a una declaración de amor que has hecho nunca, al menos eso escribiste en el diario que compartíamos. A veces nos costaba diferenciar nuestras letras, pero claro tú de eso no te acuerdas. "

Repasé varias veces la nota, estudiando el dolor que desprendía el trazo irregular de su escritura y los tres borrones, creados por gotas bien dibujadas, que se repartían al azar en el trozo de papel. Me pasé toda la semana leyendo la carta y dedicando mi tiempo libre a intentar descubrir más detalles de esa foto, tomada en la terraza de este piso. Todavía hoy se pueden ver las cuatro marcas que delimitan el sitio donde un día estuvo ese viejo sofá de skay.

Hoy cumplo quince días en esta casa y al volver del trabajo encontré una nota que me habían pasado por debajo de la puerta. La letra me pareció la misma en una primera impresión, pero tardé poco en darme cuenta de lo equivocado que estaba.

"Nunca me costó tanto decir nada. Cogí mi coche y salí de un lugar del que guardo mis mejores recuerdos... sin echar la vista atrás. Aún tarareo la canción que sonaba una y otra vez mientras conducía sin saber dónde estaba mi destino. Quizás porque lo dejé atrás, justo donde tú te quedaste inmóvil mirando cómo me marchaba, desafiando a tu vértigo... al lado del testigo mudo que nos acompañó tantas veces. Hubo muchos días nublados después, en los que dejé de ser John Wayne y no sé en qué me convertí. Recuerdo la cara que pusiste cuando dejé en tus manos aquella servilleta con un jeroglífico de intenciones, hecho con prisas para no hacer esperar a mis amigos, pero donde estaba reflejado todo eso que nunca te supe decir con palabras. Escribí muchas verdades en un diario que me duele no tener conmigo y siempre me insistías para escribir con distinto color, pero te las ingeniabas para quitarme la pluma que sigo usando. Me alegra saber que está en buenas manos."

Sigo guardando las cartas por si un día sus dueños vienen a reclamarlas. Mientras, sigo inventando comienzos para esta historia y preguntándome dónde estará el diario escrito a dos bandas, quién estará sentado en estos momentos en ese sofá y por qué hasta hoy no le había dado la vuelta a la fotografía...

1 comentario:

Salva dijo...

Muchas gracias por dedicármelo. Es un placer leerte en este blog en el que decías que no ibas a escribir mucho más. Me alegro de ver que no eres lo suficientemente duro como para arrepentirte de cosas como ésa. Esta "historia de un diario" me ha encantado (me está encantando), lo sabes (no soy ninguna autoriadad académica, como tú dices, pero espero que, como a mí me vale la tuya, a ti te valga mi apreciación para sentirte orgulloso de lo que has escrito.

"...como un aspirante a actor que no sabe qué expresión es la más adecuada para un papel que le viene grande."

"...esa expresión de duro copiada de aquel western que vimos juntos, mientras nos abrazábamos en el sofá rojo que hicimos nuestro."

"Hubieron muchos días nublados después, en los que dejé de ser John Wayne y no sé en qué me convertí."

"Recuerdo la cara que pusiste cuando dejé en tus manos aquella servilleta con un jeroglífico de intenciones, hecho con prisas para no hacer esperar a mis amigos,..."

Déjame que abuse tanto de las citas, pero muchas de tus frases me han parecido especialmente preciosas. Creo que es el momento en que pases de ser un pequeño, a ser un pequeñín o un pequeñajo. Gracias por tus palabras, las de aquí y las de allí.

Sigue escribiendo, pequeñajo, sigue regalándome estas cositas. Gracias. Un abrazo de puntillas, enano.