
Nunca me había decidido a entrar en una perfumería, porque lo más cerca que había estado de un perfume fue ojeando el libro de Patrick Süskind, ni siquiera me atreví a ir a ver la adaptación al cine. Pero hoy he ido a un centro comercial cercano y me he parado en el escaparate de la perfumería por la que había pasado de largo otras veces. Me quedo haciendo memoria de una foto reciente para no equivocarme y echo un rápido vistazo a mi mano, donde he escrito con tinta roja el nombre de una colonia. Evito a las dependientas, que no me quitan ojo de encima, para no pronunciar un nombre que no ha salido nunca de mi boca, pero que había tatuado unos minutos antes en mi piel. La busco entre los cientos de frascos ordenados por marcas comerciales según indican los luminosos situados encima de las estanterias, aunque más bien parece una progresión aritmética de precios. Varios curiosos a mi lado prueban perfumes indistintamente, sin buscar nada en concreto, simplemente por poner sobre ellos una armadura invisible que los separe un poco de la realidad que odian. Empiezo a sentirme aturdido ante esa mezcla indescifrable de olores, pero al girar la cabeza para dejar de ver el espectáculo que me rodea encuentro un nombre familiar. Compruebo que no me equivoco cogiendo el probador con la mano derecha y poniéndolo al lado de mi mano izquierda, donde llevo escrito lo que estoy buscando. Aprieto el vaporizador suavemente y el perfume cae sobre mi mano, borrando un nombre que no tendré que volver a recordar porque ha quedado grabado en mi memoria para siempre.
A partir de ahora me giraré cuando este olor pase cerca de mí por la calle, quizás alguna de esas veces seas tú... dejando tu rastro para que te siga.
A partir de ahora me giraré cuando este olor pase cerca de mí por la calle, quizás alguna de esas veces seas tú... dejando tu rastro para que te siga.
1 comentario:
No te lo vas a creer, pequeño, pero cuando he salido a la calle, tras leer tu entrada del blog, me han venido olores intensísimos a canela primero, luego a jazmín, y luego a canela otra vez. Creo que, en la distancia, has aumentado mi capacidad olfativa, me he sentido un poco ese Jean Baptiste Grenouille de "El Perfume", y me he dado un poco de miedo. Luego he comprendido todo, ando buscando un olor al que asociarte y parece que, inconscientemente, me corre prisa.
Un saludo, pequeño.
Publicar un comentario