domingo, 8 de julio de 2007

La chica de facturación




Pasan las horas tras un mostrador, en el que los movimientos dan poca opción a la improvisación. Se cansa de hablar idiomas que no domina a gente a la que no volverá a ver en su vida. Odia su tipo de contrato, su horario de trabajo y su uniforme, pero le gusta pensar que un día será ella la que vaya en uno de esos aviones, cuando supere su miedo a volar... cuando sus miedos la dejen volar. Sus manos tocan maletas que le traen otras manos, tras las que va un rostro... representado por un minúsculo cuadrado plastificado en un documento oficial. Lástima que en las clínicas de adelgazamiento no traten, además de personas, a sus equipajes. Un kilo de más importa, claro que importa... como el tamaño, todo en esta vida importa.

1 comentario:

Salva dijo...

Yo también he soñado con librarme de algunos miedos, y echar a volar... aunque fuese en avión. Y aunque fuese sin maleta. El miedo a volar se supera con alguien a quien apretarle el brazo en los despegues y en los aterrizajes. Sigue escribiendo, que yo seguiré intentando echar a volar.
Besos, peque.